Asociarnos para fraternizar y defender

 

El panorama nacional taurino no es el mejor, ni el deseado por mentes llenas de sensatez. La ausencia del ferial soleado ha dejado un vacío cuyas consecuencias tendremos que considerarlas en el futuro. Nuestra tauromaquia asoma muchas debilidades y pocas fortalezas.

Las debilidades están dadas por la carencia de un soporte válido conformado por miles de aficionados comprometidos, por la ausencia de instituciones, por la escasa difusión en los medios más influyentes, por no existir una integración de sectores y por no tener, todos, claridad sobre lo que debe hacerse.

Los gremios no gravitan en el escenario nacional, más allá del limitado círculo taurino que les es propio, al mismo tiempo que los emblemáticos toreros son una suerte de empleados de ocasión o de temporada, en nada interesados en difundir sus méritos o actuaciones, y divorciados de los aficionados.

Estos, los que pagan en taquilla, están más interesados en ver un buen festejo o asistir a una función con cualquiera de las figuras hispanas, que en asociarse para defender su afición, su bagaje cultural taurino y sus ansias de libertad y autonomía, tan consustanciales en quienes asistimos a las plazas.

Los ganaderos están dejando la cría de ganado de lidia como actividad principal, como en algún momento lo fue para diversificar su inversión y hacerla más rentable, mientras presencian el desánimo generalizado, la ausencia de liderazgo y la nula difusión de sus esfuerzos en el campo.

Las autoridades municipales no van más allá de los eventos feriales, por no sentirse asistidos de fuerza y razones para asumir roles no previstos en la legislación local, pero que son necesarios para soportar de mejor manera la manifestación cultural que implican las corridas de toros, expresión mayor de los festejos.

A pesar de lo anterior, y de crisis se habla desde siempre, la gran fortaleza de la tauromaquia venezolana está en que una minoría nacional, aficionados que no superan el medio millón, mantiene su gusto o preferencia, y preserva interés por las grandes ferias, a las cuales acude - las más de las veces - sin ni siquiera conocer los carteles.

Es decir, hay una base humana aficional en un desierto de atractivas figuras nativas, con arraigo y arrastre, y en momentos en que los costos de asistencia van dejando muchos otrora seguidores en sus casas, viendo viejas revistas, videos y las transmisiones de la televisión azteca.

El horizonte taurino venezolano podrá clarificarse si somos capaces de asociarnos para fraternizar, es decir para acrecentar la amistad, la solidaridad y el buen trato, y si podemos entender nuestro papel en la defensa de la cultura taurina, esa numerosa secuencia de conocimientos que hemos atesorado a través de los años y que hoy solo nos sirven para relacionarnos entre similares taurinos.

 


Nilson Guerra Zambrano
Secretario General de la Fundación Cultural Girón

 

 

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